Científicos españoles piden medidas de control de natalidad, como la supresión de las ayudas a las familias numerosas, para evitar una explosión demográfica insostenible.
En 1798, el economista inglés Thomas Malthus pronosticó que la población mundial crecería más rápidamente que el suministro de alimentos. Malthus predijo una inminente peste de hambre que nunca se produjo, aunque quizá no erró en el concepto, sino en el plazo. Según Naciones Unidas, la población mundial, actualmente 6.700 millones de personas, alcanzará los 9.200 millones en 2050. Para una parte de la comunidad científica, es necesario implantar políticas de control de natalidad que eviten esta bomba demográfica. La sobrepoblación, argumentan, causará epidemias, guerras por los recursos limitados, como la energía y el agua, y una aceleración del cambio climático. Para otros, en cambio, el control de la natalidad es una suerte de fascismo verde, más próximo a la eugenesia nazi que a la reflexión científica del siglo XXI.
“Con la tecnología actual, existe un techo máximo de entre 9.000 y 10.000 millones de personas, que es lo máximo que la Tierra puede mantener”, sostiene el científico Carlos Duarte, Premio Nacional de Investigación 2007. A su juicio, la humanidad se encuentra en la tercera ola de pesimismo maltusiano, tras la propia época de Malthus y la resurreción de sus ideas posterior a la publicación de La bomba demográfica, de Paul R. Ehrlich, en 1968. “El control de la natalidad tiene fundamento, otra cosa diferente es que sea posible. Si estuviéramos hablando de animales de granja, sería perfectamente factible”, añade. Duarte es contrario a establecer medidas coercitivas como en China, donde se aplica desde hace 20 años la política de hijo único: “El control de la natalidad es deseable, pero por las decisiones libres de los individuos”. No obstante, los gobiernos tienen, en su opinión, un margen de actuación. “En España se está incentivando la natalidad, hay que considerar la supresión de las ayudas a las familias numerosas”, propone.
“Más hijos, más impuestos”
El investigador Miguel Ferrer, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), también es partidario de invertir los incentivos fiscales. “El que tenga más hijos, que pague más impuestos. Una persona con 14 hijos utiliza más los servicios públicos, es razonable que pague más, no menos como ahora”, opina. Ferrer admite que con menos contribuciones las coberturas sociales son difíciles de mantener. “Pero si el sistema necesita una pirámide de población desequilibrada, habrá que replantearse el sistema, retrasando la jubilación a los 70 años, por ejemplo”, alega.
Para este científico, existe un conflicto entre los intereses del planeta y la lógica del mercado: “La Tierra tiene unos recursos limitados, para una población limitada, pero para el mercado el número ideal de consumidores es infinito”. Ferrer, miembro del grupo de expertos sobre cambio climático del Consejo de Europa, ha defendido en este foro el control de la natalidad, y sus colegas “han recibido bien la propuesta”, según sus palabras. “El control de la natalidad es un tema tabú, por el lastre histórico. Se considera fascista, y nada más lejos de la realidad”, argumenta Ferrer.
El bioquímico Santiago Grisolía, presidente de la Fundación Premios Rey Jaime I, cree que es urgente reabrir el debate iniciado por Malthus hace dos siglos. “Los políticos no se atreven a hablar de este tema, por no ofender a los líderes religiosos, que creen en aquello del creced y multiplicaos”, asevera. En su opinión, la población crece a un ritmo más rápido que los alimentos y ya hay una deficiencia de arroz y maíz. Grisolía, Premio Príncipe de Asturias en 1990, es partidario de estabilizar la población a través del estado del bienestar. “La natalidad baja al subir los estándares de vida, no hace falta cambiar la legislación”, señala.
La investigadora Teresa Castro, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía, coincide con la propuesta de Grisolía, pero cuestiona su alarmismo. “La explosión demográfica se preveía hace décadas, porque se pensaba que jamás iba a bajar la fecundidad, pero ésta simpre disminuye más de lo que prevé la ONU”, apunta. “La bomba demográfica es una idea de ecologistas, pero ya no se habla de ello en los foros internacionales. Al aumentar la educación de la mujer y su estatus, el número de hijos baja en picado. Malthus está superado”, apostilla.
Vía: Publico.es
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