
La cifra necesaria para realizar las inversiones que harían falta para reducir las emisiones de CO2, luego de muchas discusiones y todavía con varias puntas sueltas que es necesario atar, sería de 175.000 millones de euros anuales en el 2020, según lo anunciado por los Ministros de Medio Ambiente de la Comunidad Europea (UE).
En realidad el objetivo previo que tenía esta reunión era fijar una monto de ayuda a los países emergentes para realizar acciones y emprendimientos que apunten al cumplimiento del objetivo de disminuir las emisiones de CO2, y evitar que la temperatura del Planeta aumente los dos grados centígrados.
La semana pasada la comisión de la UE había manejado la misma cifra pero manifestó que entendía que más de la mitad de la misma sería destinada a los países emergentes, en este último aspecto sorprendieron un poco las declaraciones de la secretaria de Estado española de cambio climático, Teresa Ribera, quien dijo en la conferencia de prensa al término de la reunión de Ministros de Medio Ambiente, que lo primero es reclamar a los países en desarrollo, que todavía no lo hayan hecho, que pongan de manifiesto cómo creen que deben contribuir.
Hay que recordar, que los estudios realizados por la ONU y otros prestigiosos científicos, han indicado que los países ricos o desarrollados son los responsables de la emisión del 85% del CO2 a la atmósfera, es decir casi cuatro veces más que los países pobres, subdesarrollados o emergentes, por lo que la inversión la tienen que hacer claramente los países que han provocado esta situación de efecto invernadero, calentamiento global o cambio climático, como se le quiera llamar.
“Los países en vías de desarrollo deben realizar un esfuerzo importante en la reducción de emisiones”, destacó Ribera.
El Consejo de Medio Ambiente abogó por que, como condición previa para recibir financiación, los países en desarrollo den a conocer sus esfuerzos de reducción a través de un registro público de las medidas de mitigación.
Una vez más, todo hace suponer que los países ricos, no contribuirán con los países pobres en la tarea de disminuir las emisiones de CO2, y que tal vez acuciados por la crisis financiera que está viviendo toda Europa con matices en los distintos países, son reacios a destinar fondos con este objetivo universal.
fuente: elmundo
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