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“Ninguno de los precandidatos presidenciales para las elecciones en Estados Unidos plantea la urgencia del problema del cambio climático”, señala en su reciente trabajo Lester Brown, ganador, junto a Al Gore, del premio Nobel de la Paz.
La crisis es extremadamente seria y urgente y requiere un esfuerzo de movilización de las naciones similar al realizado durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), argumenta el autor, Lester Brown, presidente del centro de estudios Instituto para Políticas de la Tierra, con sede en Washington. Brown acaba de publicar su trabajo “Plan B 3.0: Movilizarse para salvar la civilización”.
El cambio climático ocurre mucho más rápido de lo previsto por los científicos y el planeta sufrirá inevitablemente un incremento de la temperatura de por lo menos dos grados, dijo Brown a IPS, lo cual “nos colocará decididamente en la zona de peligro”.
“Ninguno de los precandidatos presidenciales para las elecciones en Estados Unidos”, que se realizarán el primer martes de noviembre, “plantea la urgencia del problema del cambio climático”, agregó.
En su opinión, las emisiones de gases invernadero, parcialmente responsables del recalentamiento global, deben reducirse en 80 por ciento para 2020.
Se trata de una meta mucho más ambiciosa que la planteada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que recibió en 2007 el premio Nobel de la Paz junto con el ex vicepresidente estadounidense Al Gore (1993-2001), quien recomendó un recorte de entre 25 y 40 por ciento respecto de los niveles de emisión de 1990.
Brown estima que los datos utilizados por el IPCC están desactualizados, ya que serían de hace dos años. Estudios más recientes indican que el cambio climático se está acelerando, dijo.
Aunque confía en que el IPCC modificará esa recomendación en su próximo informe, señaló que recién se difundirá en cinco o seis años. “Demasiado tarde, tenemos que actuar ya”, aseguró.
El Plan B 3.0 de Brown recomienda medidas para llegar a 80 por ciento de reducción en las emisiones, que se basan fuertemente en el uso eficiente de la energía, las fuentes renovables y la expansión del “escudo” de árboles del planeta.
La energía eólica puede cubrir 40 por ciento de la demanda mundial con la instalación de 1,5 millones de nuevas turbinas de viento de dos megavatios. Aunque el número parece elevado, señaló Brown, se producen cada año 65 millones de automóviles en Estados Unidos.
Además, hay muchas líneas de montaje de vehículos inactivas en América del Norte y otras regiones, que podrían reconvertirse para producir turbinas de viento, agregó.
El meridional estado estadounidense de Texas planifica dotarse de 23.000 megavatios generados por energía eólica. Es el equivalente a la producción de 23 usinas que emplean carbón y suficiente para proveer energía eléctrica a 11 millones de personas, la mitad de la población de ese territorio, indicó Brown.
Estima que un alumbrado más eficiente puede reducir el uso mundial de electricidad en 12 por ciento, que permitiría cerrar 705 de las existentes 2.370 usinas alimentadas con carbón.
En Estados Unidos, los edificios comerciales y residenciales son responsables por 40 por ciento de las emisiones de carbono. El siguiente paso debe apuntar a generar electricidad de forma no contaminante para la calefacción, refrigerar y alumbrar las viviendas, afirmó.
Brown señaló que otra medida que debe adoptarse es cambiar el “combustible” humano de una dieta basada en la carne a otra vegetariana, porque esta última requiere un 25 por ciento de la energía que demanda la crianza y faena de animales.
Asimismo, cuestiona duramente el empleo de biocombustibles que se producen empleando granos como el maíz y la soja, ya que empujan al alza los precios de estos alimentos y pueden provocar una escasez de comida desastrosa para los pobres del mundo.
El crecimiento demográfico ejerce una enorme presión sobre los países en desarrollo. La adición anual de 70 millones de personas a la población mundial, señaló Brown, se concentra en naciones donde las reservas de agua se están agotando y los pozos se secan, las área boscosas se reducen, los suelos se degradan y los campos de pastura de vuelven desiertos.
Paralelamente, en sintonía con el agravamiento de estos problemas, gobiernos débiles como los de Haití, Pakistán, República Democrática de Congo, Somalia y Sudán comenzaron a desmoronarse, agregó.
Año tras año aumenta el número de “Estados inviables”, que constituyen un “alerta temprana de la caída de una civilización”, comentó Brown.
El aumento en el precio del petróleo debe añadirse a la lista de problemas. Los países ricos tendrán todo el que necesiten, mientras que los pobres deberán reducir su consumo.
“El crecimiento poblacional y la pobreza demandan una atención especial del mundo desarrollado. Por primera vez en la historia tenemos los recursos para encarar adecuadamente esos desafíos”, aseguró Brown.
Asimismo, propone un impuesto mundial a los combustibles fósiles, que se incrementaría 20 dólares por tonelada cada año entre 2008 y 2020, hasta llegar a los 240 dólares por tonelada. Esta “tasa al carbono” sería compensada con una reducción en el impuesto a las ganancias.
Así se desalentaría el consumo de combustibles fósiles y se estimularía el uso de fuentes renovables de energía, argumentó.
Aunque las soluciones están al alcance de la mano, no existe una toma de conciencia sobre los riesgos que amenazan a la civilización ni la voluntad para tomar medidas.
“Salvar a la civilización no es un deporte para espectadores”, dijo Brown. “Hemos llegado a un punto en el que la deteriorada relación entre nosotros y los sistemas naturales del planeta nos convierte a todos en activistas”, agregó.
La velocidad es esencial. “Podemos cambiar nuestro estilo de vida, pero si no reestructuramos rápidamente la economía vamos a fracasar. El tiempo es nuestro recurso más escaso”, concluyó.
Vía: Asociación Animalista Libera! / Montevideo Portal
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Investigadores de Holanda están intentando producir carne de cerdo en un laboratorio con el objetivo de alimentar a millones de personas sin la necesidad de criar y matar animales. Aparentemente, sería totalmente posible obtener tejido muscular de cerdo totalmente “in vitro”.
Bernard Roelen, profesor de ciencias veterinarias de la universidad de Utrecht, ha dicho en una entrevista “estamos intentando obtener carne sin la necesidad de matar a animales.”. Aún en las primeras etapas de experimentación, la idea de Roelen consiste en substituir la carne de ganado por un proceso que elimine la necesidad del pienso, el transporte, la utilización del suelo y evite las emisiones de metano expelido por el intestino de los herbívoros, responsables de la mayor parte del contenido de esos gases en la atmosfera.
“Los animales dañan el medio ambiente. La cría de animales solo para comerlos no amigable con el entorno,” dijo Roelen. Los “animales necesitan crecer, y los animales producen muchas desechos que no son aprovechables”.
Los habitantes de una nación desarrollada consumen anualmente un promedio de 43 kilogramos ‘per cápita’ de las aves de corral, carne de vaca, cerdo y otras carnes. Esta cantidad se incrementa en un 2% anual, según demuestran las estadísticas de algunas organizaciones de agricultura de las Naciones Unidas.
Interrogado acerca de si la gente seria capaz de aceptar la carne producida en el laboratorio, Roelen aseguró que era muy probable, ya que la mayor parte de la carne que se consume es procesada de forma que resulta prácticamente irreconocible. De hecho, dijo que “esperamos que haya bastante demanda, a pesar de que alguna gente pueda tener problemas con ella. La gente puede pensar que es algo artificial, pero lo cierto es que gran parte de la carne que se consume ya es artificial.”
Investigaciones similares se llevan a cabo en los Estados Unidos, incluso algunos experimentos son financiados por la NASA, para determinar si esta carne se puede producir para los astronautas durante misiones espaciales prolongadas.
Seguramente pasaran algunos años antes de la carne producida en laboratorios y fábricas sea puesta a la venta en las góndolas de los supermercados. Por ahora Roelen y su equipo han hecho crecer solamente delgadas capas de células que no se parecen en nada a un filete de cerdo. Durante el proceso, los investigadores primero aíslan células de los músculos, que tienen la capacidad de crecer y multiplicarse. Luego las estimulan y ejercitan mediante descargas eléctricas.
El proceso debe ser mejorado para lograr tejidos más gruesos, lo que representa un desafío ya que la carne producida por este método carece de los vasos sanguíneos necesarios para entregar nutrientes a las fibras del músculo.
Vía: Foro Vegetariano / Neoteo.com
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Somos lo que comemos. Y los niños comen muy pocas naranjas, tomates y espinacas. El 32% de los escolares de entre 8 y 11 años no ha probado nunca las espinacas, el 23% no sabe qué gusto tiene un tomate y el 15% no ha comido jamás una naranja. Parece imposible, pero es cierto, según un estudio elaborado por la Fundación Dieta Mediterránea, que promueve talleres de cocina en los colegios españoles.
La situación se repite, según el estudio presentado ayer en Barcelona, con otros productos que habitualmente tenemos en la despensa como las aceitunas negras, los espárragos, los piñones, el atún en conserva y la cebolla.
Las encuestas se han realizado a los alumnos que han participado en talleres, 25.000 en toda España y 2.500 de ellos en Barcelona. “Existe un gran desconocimiento de algunos de los productos típicos de la dieta mediterránea y muchas veces la causa es que los niños no comen en casa como deberían comer”, explica Joan Castells, director de la fundación.
Vía: El País
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Nos queda una opción: alimentarnos de productos locales, de temporada y ecológicos.
Nuestra dieta actual abusa del consumo de productos de origen animal, y seguramente no somos del todo conscientes de las graves repercusiones que este sobre exceso genera en nuestra salud (un exceso de ingesta de grasas saturadas que favorecen la obesidad) y en la salud del planeta y, de nuevo, sus habitantes.
Para la producción de unas hamburguesas, un bistec, huevos, productos lácteos o unas pechugas de pollo, con los actuales sistemas ganaderos basados en una alimentación intensiva fundamentada en grano y soja, han sido necesarios el uso de muchos recursos finitos. Por ejemplo se requieren 7 litros de petróleo para obtener un kilo de carne de vacuno y unos 3.000 litros de agua para un kilo de pollo. Hasta tal punto llega la demanda de productos de origen animal en nuestra sociedad carnívora que se calcula que entre un tercio y la mitad de la cosecha mundial se dedica al engorde animal. Si pensamos que según la FAO en una hectárea de tierra cultivable dedicada a productos agrarios como patatas o arroz pueden vivir unas 20 personas y sólo dos si esa hectárea se dedica a ganado, entenderemos una de las razones del hambre en el mundo.
Lógicamente los países ricos no tienen espacio agrícola suficiente para los cultivos necesarios para satisfacer a tanto ganado encarcelado, por lo que impulsan o imponen el cultivo para la exportación de grano y soja en los países empobrecidos. Así se genera una presión terrible por la tierra que está provocando el desalojo de miles de pequeñas familias campesinas, la desaparición de muchos puestos de trabajo agrícolas; se amplia la frontera agraria abriendo terrenos en zonas de selva, se contamina y empobrece el territorio por el abuso de pesticidas, se pierde la soberanía alimentaria de muchos pueblos y, eso sí, las agroindustrias globales generan enormes fortunas. El negocio de la soja, por ejemplo, es notorio, el 92% se dedica a alimentación animal. Sólo en 2004 Brasil destinó al monocultivo de soja para exportación el equivalente a 20 veces la extensión de Euskadi.
En este contexto se enmarcan los cultivos transgénicos de soja o maíz. Sólo buscando aumentar aún más los ingresos se desarrollan semillas transgénicas de lo que será finalmente alimento para el ganado. Es obvio que aquí el discurso de las empresas e investigadores que promocionan los OGM, «para combatir el hambre», es un embuste. Realmente los millones de hectáreas plantadas de maíz y soja transgénica han estado destinadas a alimentar animales que sólo algunos comeremos. Ahora, con el desarrollo de los agrocombustibles, deberán competir animales con automóviles. Comestibles contra combustibles.
Así pues, sepamos que los carnívoros, yo entre ellos, si no moderamos nuestro consumo, somos parte de una maquinaria perversa. Pero además de vivir poco informados de estas realidades, vivimos engañados. Las normativas actuales de etiquetado de estos alimentos no obligan a las empresas a explicitar con qué cereales o leguminosas han sido alimentadas las gallinas o cerdos que han contribuido a nuestro huevo frito con chorizo. Y evidentemente han sido alimentados con soja o maíz transgénico que está llegando de alguna forma a nuestro organismo, cuando aún no se han investigado a fondo los problemas de salud que podrían generar.
Pero nos queda una opción: alimentarnos de productos locales, de temporada y ecológicos, sabedores que el beneficio económico llega a pequeños productores que desarrollan una agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente… a no ser que cerca de esa granja y de ese huerto se encuentren parcelas cultivadas con semillas transgénicas y que, por falta de una regulación exigente, pueden convertirse en contaminantes de nuestro último refugio.
Gustavo Duch Guillot; Director de Veterinarios sin Fronteras.
Para: Kaos en la Red
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Txumari Alfaro: «La mala alimentación nos hace ser más déspotas, más agresivos»
El experto en medicina natural, que hoy pronuncia una conferencia en el Aula de Cultura de SUR, asegura que comer mal «altera» las conductas. Insiste en que la naturopatía no es alternativa al médico, sino paralela
Asegura que cuando apareció por primera vez en la pequeña pantalla con ‘La botica de la abuela’ (1996), pocos sabían lo que era el hoy tan demandado aloe vera. Txumari Alfaro (Arguedas, Navarra) se convirtió en los 90 en un comunicador de moda rescatando la sabiduría popular en recetas tradicionales y naturales que podían desde curar el reuma hasta mejorar el cutis. Ahora, reparte sus conocimientos en libros y conferencias por toda la geografía española. Hoy lo hará en Málaga, en el Aula de Cultura de SUR, donde además de hablar de ‘Medicina en la cocina’, presentará su último libro ‘Un cuerpo para toda una vida’.
-Hoy pronuncia la conferencia ‘Medicina en la cocina’, ¿la cocina es una buena consulta médica?
-Más bien es el taller de la salud, porque cuando una persona está cansada, tiene hambre, siente malestar o, al contrario, bienestar, va a la cocina. Es donde nos reparamos y donde cocinamos la salud o la enfermedad. Allí, tomamos agua, nos alimentamos, nos hacemos los tratamientos farmacológicos… Pero además, es donde cocinamos los alimentos que nos llevamos a la boca, que es por donde entra la salud o la enfermedad.
-Hay mucho desconocimiento sobre estos temas, ¿no cree?
-Por supuesto. Yo no quiero que las personas me hagan caso, sino que les pique la curiosidad para que investiguen, estudien y estén en poder del conocimiento.
-¿Considera que los naturópatas molestan a los médicos?
-Creo que sienten que se les hace competencia desleal. Yo nunca digo que hay que dejar de ir al médico, jamás: el médico es tu mejor amigo y su tratamiento el mejor remedio. Pero hay veces que se les molesta de forma innecesaria, porque quién dice que una pequeña faringitis no se puede curar con una infusión de tomillo, miel y limón. O una diarrea, aunque sea fuerte, cómo no la vas a quitar con una infusión de rabos de cereza. Pero esto no es alternativa al médico, es paralela.
-¿Cuándo hay que ir a la medicina convencional y cuándo a la natural?
-El diagnóstico tiene que hacerlo un médico. Ahora bien, el tratamiento puede venir de un naturópata.
-Algunos de sus remedios pueden resultar curiosos, como el uso de la orina para distintos fines. ¿Usted ha comprobado la efectividad de todos ellos?
-Sí, claro. La urinoterapia choca muchísimo, pero en China hay 35 millones de personas que lo practican. En los países orientales forma parte de su propia cultura.
-¿Por eso se conserva usted tan bien?
-Gracias. Sí que es cierto que a la larga cuando uno no fuma, no abusa del alcohol, no toma excesivamente dulces, no come carne… tiene que reflejarse en una mejor calidad de vida. Se trata de que los años que vayamos a vivir los vivamos con una buena calidad de vida y teniendo un buen sentido de la justicia. Porque no imagina lo que la alimentación puede enturbiar y modular la justicia.
Carne, azúcar y alcohol
-¿Hasta qué punto influye?
-La mala alimentación nos hace ser más déspotas, agresivos, más tiranos, ser más racistas… Si una persona toma tres whiskys, su percepción cambia. En esa misma medida, el que come mucha carne, dulces, envasados, enlatados… está tomando alimentos que no tienen vida. Es una persona que tiene menos resistencia a la enfermedad y eso hace que su mente se altere. La alimentación cambia nuestra percepción. Tener salud, en lo psíquico, es estar siempre alegre y de buen humor, tener claridad de ideas y rapidez de acción, y tener un alto sentido de la justicia. Y esto último, si comes mucha carne, si tomas mucho alimento conservado, congelado, dulces… se altera.
-Pero la carne es necesaria…
-¿Eso quién lo dice? Se puede vivir sin carne. Yo no digo que no se consuma carne, sino que no se abuse de ella. La carne crea agresividad.
-¿Qué podemos encontrar en su libro ‘Un cuerpo para toda la vida’?
-La respuesta a una pregunta que me hacían una y otra vez en los foros en los que he participado: dónde podemos encontrar todo esto que usted nos explica. Reúne cuatro libros, porque hablo de alimentación, de salud, del taller donde tenemos que llevar nuestro cuerpo a reparar, cómo envejecer con salud, incluso hablo de alimentación para personas con distinto tipo de sangre. Es un libro para leerlo.
Vía: Diario Sur
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Los cumpleaños son muy importantes, sobre todo los de los vegetarianos, porque entre muchas de las cosas buenas que tienen es que, hemos pasado un año más evitando servirnos de los animales, evitando el sufrimiento y la muerte que conlleva el consumo de productos animales. Un año más de los muchos que quedan por luchar por sus derechos… por su vida.
Gracias por crear este blog y FELIZ CUMPLEAÑOS jefe

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Sensaciones habituales de cansancio, tensión muscular e incluso calambres o temblores musculares, que se acentúan más por la noche, pueden ser consecuencia de la deficiencia mineral de magnesio (también de potasio). Muchas personas se ven reflejadas en estos síntomas, que no revelan la existencia de enfermedad, pero sí una sensación de persistente malestar, por el cansancio que supone para el organismo la tensión muscular constante.
Si se analizan los hábitos alimentarios actuales, no es difícil que a medio y largo plazo se refleje física y psíquicamente la falta de estos minerales. Son las verduras de hoja verde, los frutos secos, las legumbres y los cereales integrales (principalmente el germen de los cereales), los alimentos en los que abundan. Pero comer verduras, y sobre todo, comer cada día las dos raciones de hortalizas o verduras aconsejadas por los organismos de salud pública y nutrición, sigue siendo una asignatura pendiente para gran parte de la población. La poca costumbre de comer este tipo de alimentos a diario, y menos aún frutos secos y alimentos integrales, pueden explicar la aparición a largo plazo de cansancio permanente y lesiones musculares, o la sensación de agarrotamiento y de piernas pesadas e hinchadas.
Las estadísticas hablan
Los datos sobre los hábitos alimentarios de la población vienen reflejados en el Panel de Consumo Alimentario, desarrollado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) desde el año 1987. El estudio permite valorar uno de los aspectos más significativos del cambio en el comportamiento alimentario en España, mediante el reflejo de pautas alimentarias que coinciden con el resto de países occidentales. Los últimos datos, del año 2005, reflejan que el consumo de frutas y hortalizas se ha incrementado ligeramente (4,2%), aunque dista bastante de las recomendaciones: al menos dos raciones diarias de hortalizas para proveer al organismo de todos los nutrientes que concentran estos alimentos. “Algo verde” tanto en la comida como en la cena, al menos una ensalada diaria y otra ración como plato principal o como acompañamiento de un segundo plato, es la aportación ideal de estos alimentos en un día.
Son varias las razones nutricionales que aconsejan comer verde. Principalmente porque su ausencia se refleja en la salud física y en el estado de ánimo. Son la fuente natural más concentrada en fibra, colorantes y vitaminas antioxidantes; además, su riqueza en minerales como el potasio y el magnesio, que participan directamente en la contracción y relajación muscular, tiene sus repercusiones en el estatus nutricional tanto de quien las consume como de quien no. El hecho de que sean la fuente natural más concentrada en fibra, colorantes y vitaminas antioxidantes; y su riqueza en minerales como el potasio y el magnesio, que participan directamente en la contracción y relajación muscular, tiene sus repercusiones en el estatus nutricional de quien las consume o no las incluye de forma habitual.
Salud muscular
Se necesitan como mínimo dos raciones diarias de hortalizas para proveer al organismo de todos sus nutrientes. El magnesio está distribuido en nuestro organismo fuera y dentro de las células. Su forma extracelular interviene en la transmisión nerviosa y muscular (neuromuscular), y desempeña una función primordial en la relajación muscular y en el buen funcionamiento del músculo cardiaco (corazón). El magnesio intracelular forma parte de la matriz ósea. Si cualquier persona puede notar la carencia de magnesio en su tono muscular, la falta de este mineral en los deportistas adquiere todavía más valor. Este mineral desempeña, en equilibrio con el calcio, un rol importante en la función del músculo, en sus movimientos de relajación y contracción. Un déficit de magnesio originaría una excitación nerviosa y muscular excesiva (calambres, mialgias o dolor muscular intenso), latidos cardiacos irregulares y debilidad. Además, este mineral está implicado en los procesos metabólicos de transferencia y liberación de energía. El esfuerzo muscular que se hace durante el deporte (unos deportes son más exigentes que otros), genera pérdida de magnesio, y la falta del mismo conduce a una reducción de la capacidad de resistencia y de adaptación al esfuerzo. De ahí que los deportistas deban tener presentes a los vegetales cada día como fuente esencial de este mineral.
Contra la anemia, clorofila
La clorofila es el pigmento vegetal que confiere el característico color verde a las verduras. Se encarga de absorber los fotones de luz necesarios para realizar la fotosíntesis. Gracias a este proceso, la energía luminosa se transforma en energía química, las plantas liberan oxígeno a la atmósfera y fabrican los azúcares necesarios para su crecimiento. En algunas verduras, el color verde que da la clorofila es evidente. Es el caso de las acelgas, las espinacas, el brócoli o el romanesco (una variedad de coliflor). Otras, como la zanahoria, también contienen clorofila, pero enmascarada por los carotenoides como el beta-caroteno, pigmento que resalta su color naranja intenso. La clorofila posee efectos antianémicos, por lo que el consumo de verduras verdes se recomienda en casos de anemia. La molécula de esta sustancia se asemeja a la de hemoporfirina, compuesto que participa en la síntesis de la molécula de hemoglobina de los glóbulos rojos, responsable del transporte de oxígeno en la sangre y cuya deficiencia se asocia a anemia. La diferencia entre una y otra es que tienen metales diferentes. El grupo hemo de la hemoglobina contiene un átomo de hierro, mientras que la porfirina de la clorofila lleva un átomo de magnesio. De hecho, es la clorofila la que da riqueza en este mineral a los vegetales y, en especial, a las verduras de hoja verde. De ahí a que las primeras aplicaciones de la clorofila se dirigieron hacia su uso terapéutico en el tratamiento de la anemia. La mejor forma es aprovecharla a través de los vegetales crudos (en ensaladas, por ejemplo), ya que la clorofila es poco estable al calor.
Vía: 20Minutos / Consumer.es
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Estudio de Nielsen, para el Centro Vegetariano.
Por primera vez en Portugal, el Centro Vegetariano ha promovido un significante estudio estadístico a fin de determinar el número de vegetarianos en Portugal.
Aqui están las principales conclusiones de ese estudio:
- 5% de la población excluye una de las siguientes categorías alimentárias tradicionales (carne, pescado, lacticínios o huevos);
- 2% de los Portugueses nunca consume carne;
- 1% de los Portugueses nunca consume pescado;
- La gente con más edad (55-65 años) es la que menos consume carne y lacticínios;
- 30 000 Portugueses son efectivamente vegetarianos; nunca comen carne ni pescado.
El estudio ha sido realizado por la empresa Nielsen, lider mundial en estudios de mercado, durante el mes de Octubre de 2007. Se han hecho 2000 entrevistas a ciudadanos entre los 15 y los 65 años residentes en Portugal Continental, los cuales son una muestra representativa de la población Portuguesa.
Las preguntas fueron las siguientes:
Con que frecuencia consume ud.:
- Carne o productos derivados (jamón york, hamburguesas, mortadela, chorizos, patés,…)
- Pescado u productos derivados (Filetes, marisco, patés,…)
- Leche u otros lacticínios como queso, mantequilla, yogures,…
- Huevos o productos con huevos como tartas,…
Las alternativas de respuesta eran “Nunca”, “Ocasionalmente” y “Frecuentemente”. Para las conclusiones arriba presentadas se considera solamente los sujetos que afirmaron nunca consumir los productos en cuestión. Así, se consigue un resultado coherente con la definición más ampliamente aceptada de que un vegetariano es una persona que nunca consume carne ni pescado (y todos sus derivados).
En este estudio no se ha hecho ninguna alusión a los motivos que llevarian la gente a cambiar sus dietas.
Otros datos interesantes:
- Las mujeres consumen menos carne y huevos, pero más lacticínios;
- Es en la Gran Lisboa y en el Litoral Norte que menos se come carne y huevos;
- 20% de la población Portuguesa consume carne apenas ocasionalmente;
- 23% consume pescado apenas ocasionalmente;
Estos resultados tienen un error máximo asociado de 2,2 para un intervalo de confianza de 95%.
Por lo que sabemos, es la primera vez que se realiza un estudio como este a una muestra significativa de toda la población. Ahora sabemos que ya somos 30 000 vegetarianos en Portugal.
El Centro Vegetariano agradece:
1. A la empresa Efeito Verde – Lda, cuyo apyo ha permitido la realización de este estudio.
2. A la empresa Nielsen, la realización atenta de este trabajo.
Vía: Foro Vegetariano
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¿Qué pasa en una pareja cuando uno no come carne? Que dividen la nevera, no saben dónde cenar, los amigos no llaman y el omnívoro se hace vegetariano (en España hay 200.000). Dos parejas mixtas explican cómo se convive.
Paul McCartney y la actriz Renée Zellwegger juegan al despiste. ¿Salen o no salen? Algún amigo íntimo se ha ido de la lengua y ha confirmado que, efectivamente, salen, pero que están todo el día a la greña no por un choque de egos o por dinero, sino por algo tan cotidiano como un chuletón. Mientras McCartney está entre los 4,2 millones de ingleses vegetarianos (lo es desde que su primera mujer, Linda, contrajo el cáncer que la llevó a la muerte), la Zellwegger no pertenece al 2,5% de americanos que profesan el vegetarianismo. Sólo en EEUU, Canadá y Reino Unido hay más de 10 millones de personas que nunca comen carne.
Mónica y Javier o Aída y Fawsy no son famosos, pero se han encontrado con el mismo problema, aunque han sabido solucionarlo mejor. Ellas son vegetarianas (el 68% de los vegetarianos son mujeres; el 32%, hombres, según el autor Joan Sabaté, especializado en este tipo de alimentación); ellos se declaran omnívoros. Y aun así, cinco y ocho años, respectivamente, de estupenda relación avalan aquello de que el amor puede con todo. «El perfil del vegetariano es mujer, casada, activa, con estudios universitarios, no fuma ni bebe en exceso, vive en una gran ciudad, trabaja fuera de casa y, si tiene hijos, les da el pecho durante mucho tiempo», explica Sabaté, especialista en vegetarianismo en EEUU. Según este autor, en España sólo el 0,5% de la población es vegetariana (unas 200.000 personas). Una cifra muy por debajo de otros países europeos como Alemania (casi ocho millones de vegetarianos, entre el 8% y el 9% de la población) y muy, muy lejos del porcentaje de La India, donde el 40% de sus casi 1.000 millones de habitantes no consume carne, esencialmente por motivos que tienen que ver con convicciones éticas y religiosas.
Mónica, una mujer en la treintena, es dueña de la cadena de tiendas de decoración Casa y Campo. Se declara vegetariana, sobre todo, por salud: «Fui dejando de comer carne poco a poco, hace unos cinco años. Me di cuenta de que la dieta vegetariana cada día me sentaba mejor. Además, tengo dos hermanos diabéticos y sé que con la alimentación se mejora la diabetes y hasta se puede llegar a evitar. En Asia, por ejemplo, donde sólo comen frutas, verduras y cereales, no hay casos de diabetes ni casi de cáncer».
«Yo no soy carroñera». Aída, odontóloga y estudiante de Arte Dramático de 25 años, ve, sin embargo, en el vegetarianismo una razón ética: «Yo siempre he tenido mucha sensibilidad hacia los animales. Hace unos tres años conocí a un grupo de vegetarianos y ellos me dieron el empujón final. No como nada con ojos, me parece una falta de respeto para mis amigos los animales y para el planeta. A mí me gustaba mucho la carne y también el jamón serrano. Pero he pensado tanto sobre el asunto, he leído tanto, que ahora, cuando veo un filete, sé que lo que estoy viendo es un cadáver; un jamón no es más que una momia de cerdo. Y yo no soy carroñera».
Ya Plutarco (50-120 d. C.) defendió este tipo de vegetarianismo en su obra Sobre comer carne, en la que decía: «Por un pequeño bocado de carne privamos a un alma del sol y de la luz y del gozo de la porción de vida y tiempo por la que había nacido al mundo». Más apocalíptico se pronunció Albert Einstein, quien llegó a afirmar: «Nada beneficiará la salud humana ni incrementará nuestra oportunidad de sobrevivir a la vida en la Tierra más que la evolución hacia una dieta vegetariana». Completarían la lista de vegetarianos ilustres Richard Wagner, León Tolstoi, Mahatma Gandhi o el oceanólogo francés Jacques Cousteau, aunque tampoco faltarían personajes ominosos como Adolf Hitler, que en más de una ocasión declaró que le daban asco «las personas que comen cadáveres», y celebridades del cine de ayer y de hoy: Brigitte Bardot, Natalie Portman, Alicia Silverstone, Joaquim Phoenix…
Pero, ¿qué piensan las parejas de sus comprometidos vegetarianos? Fawsy tiene 27 años, lleva ocho saliendo con Aída y es ingeniero de telecomunicaciones. «Yo he vivido el proceso por el que Aída se ha convertido al vegetarianismo y me parece muy coherente con su forma de ser y su manera de pensar. La apoyo al 100%. No soy vegetariano, un poco por pereza. Por respeto a ella soy incapaz de comer un chuletón cuando estamos juntos, aunque sí lo hago ocasionalmente en casa de mis padres, o con algún grupo de amigos. No me parece muy complicado seguir el vegetarianismo, aunque reconozco que algunos amigos se han apartado de nosotros desde que saben que Aída lo practica».
La convivencia con Aída le ha llevado a compartir algunas de sus convicciones éticas. «Con la cantidad de grano y vegetal que ingiere una vaca para darnos un placer al paladar se podría alimentar a mucha gente del Tercer Mundo», afirma convencido el joven ingeniero.
Javier, abogado y empresario hostelero de 37 años (es propietario del restaurante madrileño Summa, apto para omnívoros y para vegetarianos, y de una escuela de cocina), tiene una visión algo distinta: «Antes de conocer a Mónica veía el vegetarianismo como una cocina algo complicada socialmente, pero tan respetable como otras. Desde que empecé a salir con mi mujer me he dado cuenta de lo difícil que es encajar el vegetarianismo con un cóctel, una fiesta, una cena o cualquier acto social».
Particularmente en un país como España. Cada conciudadano come de media más de 70 kilos de carne al año. Según datos de Eurostat referidos a 2003, los últimos disponibles, los españoles son los europeos que más carne consumen por habitante: casi el doble que los británicos, 33 kilos anuales más que los alemanes y 29 más que los franceses. Nos gusta gastarnos el dinero en carne. El 35% del gasto de los españoles en alimentación en 2005 se destinó a carne y pescado, frente al 13% dedicado a patatas, frutas y hortalizas frescas.
¿Qué hay de menú? Para salvar las dificultades que a menudo plantea el encaje del vegetarianismo en la vida social de un país eminentemente carnívoro, a las parejas mixtas sólo les queda echar mano de toneladas de paciencia, flexibilidad y sentido común. «En mi casa, por ejemplo, son muy de carne», explica Javier, «así que, para evitar conflictos, lo que hacemos es llamar antes de ir a comer y preguntar qué hay de menú».
¿Debería sorprender esta actitud? En absoluto. De hecho, el caso de Renée Zellwegger y Paul McCartney es raro; al menos aquí, en España.
Cuando hablamos de parejas mixtas españolas (vegetariano/a-omnívoro/a) la mayoría de las veces observamos el siguiente fenómeno: la parte omnívora de la pareja, con el tiempo, se va acercando a los postulados vegetarianos: no deja de comer de todo, pero sí que reduce drásticamente el consumo de carne y pescado. «Esto ocurre porque los vegetarianos tienen muy claras sus creencias y las suelen argumentar muy bien. Los omnívoros, por contra, no estamos tan convencidos de que comer de todo es lo mejor, por eso la parte vegetariana acaba por arrastrar a la omnívora. Nos falta información para defender con propiedad nuestros postulados», explica la doctora Natalia Úbeda, experta en Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
Coincide con ella el también nutricionista (y convencido vegetariano) Julio Basulto: «Me he pasado la vida explicando a la gente por qué soy vegetariano. Lo tengo muy claro y las dos parejas que he tenido han sido omnívoras para acabar acercándose cada vez más al vegetarianismo. Creo que cuando convives con un vegetariano y te das cuenta de lo rica, variada y sana que es su dieta, te vas pasando poco a poco, sin darte cuenta».
Basulto, profesor de la Unidad de Nutrición Humana de la Universitat Rovira i Virgili, de Reus, en la provincia de Tarragona, da las claves para que la convivencia sea un éxito: «Que el vegetariano no se pase la vida poniendo a parir la dieta del otro, que el omnívoro tenga la mentalidad abierta a la hora de probar nuevos platos y que, cuando salgan a cenar, lo hagan a restaurantes mixtos: para un vegetariano es más fácil comer aquí que para la otra persona visitar siempre restaurantes vegetarianos».
Queda, sin embargo, la cuestión de los niños. Ni Mónica y Javier ni Aída y Fawsy tienen hijos, pero cuando los tengan… «A mí me gustaría que mis hijos comieran de todo, pero todo muy sano», afirma Mónica. «No estoy muy informada de si los niños tienen que tomar carne por necesidad. Si no es así, no se la daría». Javier responde con cautela: «Tengo claro que mi hijo comería sano, nada de comida basura, pizzas, hamburguesas… Siendo alimentos sanos, que comiese lo que quisiese».
Hijos vegetarianos. Bastante más firme es la convicción de Aída y Fawsy, que no piensan tener hijos. Los adoptarán, porque creen que la Tierra ya está superpoblada. «Pero sí me gustaría que fuesen vegetarianos y siguiesen con mi lucha», asegura ella.
Su lucha. La primera asociación vegetariana del mundo nació en Inglaterra en 1847. La segunda, en Nueva York, tres años más tarde. Hubo que esperar hasta el siglo XX para que se celebrara el primer congreso internacional de vegetarianos, concretamente hasta 1908. Fue en la ciudad alemana de Dresde. En España, aunque ya había vegetarianos, no empezaron a surgir asociaciones hasta algo después, sobre 1920. Desde entonces, las cosas han cambiado mucho.
Éste es el día a día de nuestras parejas, un ejemplo de tolerancia donde, a veces, la opción vegetariana puede ocasionar alguna que otra crisis.
Vía: Foro Vegetariano
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El ácido docosahexanóico (DHA) es un ácido esencialmente graso del tipo omega-3. Químicamente, es un ácido carboxílico.
DHA es una abreviatura en inglés que significa Ácido-Docosa-Hexaenoico (Docosa-hexaenoic-acid). Es un ácido graso vital para el desarrollo y mantenimiento óptimo de la salud.
Es posible metabolizar DHA a través de la conversión en el organismo del ALA, otro ácido graso omega-3, pero el grado de conversión es reducido, por lo que es difícil obtener a través de la conversión del ALA la cantidad recomendada de 220 mg diarios de DHA.
Podemos encontrarlo en peces de agua fría (como el salmón, el arenque o la anchoa) y según estudios recientes por médicos y científicos de Europa, en un atún de calidad especial, en el aceite de hígado de bacalao y en algunas algas microscópicas. Estas últimas son la fuente de DHA de los peces, y una opción dietética para vegetarianos y veganos.
A raíz de los estudios que comenzaron a desarrollarse para analizar las propiedades de los omega-3 y en especial del DHA, hace 3 años se obtiene en Europa el DHA más puro que existe en el mercado: al 70% en forma de triglicéridos cuya importancia es la absorción y biodisponibilidad que tiene.
El DHA en el mercado se encuentra de 50, 60 y 70% en forma de etil o metil ésteres, el DHA europeo está en forma de triglicéridos cuya importancia es la absorción y la biodisponibilidad.
Los triglicéridos de DHA son los que mejor se absorben y tienen más implicaciones fisiológicas y metabólicas.
Cuando se compra un DHA de baja concentración, por ejemplo un DHA de pescado, se está comprando un aceite con un contenido de DHA de entre 15 a 20%. Algunas personas creen que al tomar estos DHA con concentraciones del 15 al 20% en una mayor dosis al día va a igualar el porcentaje del DHA de 70% que mencionamos; sin embargo numerosos estudios en Japón han demostrado cómo los efectos metabólicos de un DHA al 70% son superiores a uno de baja concentración.
Al mismo tiempo que crece la sensibilización en materia de alimentación y salud, aumenta en Europa la aceptación del pescado como opción alimentaria sana. El pescado constituye una fuente importante de proteínas de alta calidad, minerales y vitaminas. Además, el pescado azul es rico en ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) omega-3, cuyas propiedades para la salud son un hecho reconocido. Recientemente, la confianza del público se ha visto mermada a raíz de un informe que destacaba los riesgos asociados a una exposición a contaminantes medioambientales como el mercurio y las dioxinas, que como se sabe se acumulan en el pescado. Sin embargo, tanto los datos disponibles como la interpretación que avanzan las autoridades competentes indican que los niveles de contaminantes que se encuentran en el pescado azul y en el atún del que se extrae el Alfa DHA, están muy por debajo del límite que se considera peligroso, lo que lo hace único y característico, si bien si poseen ciertas cantidades elementos muy perjudiciales para la salud.
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